miércoles, 5 de septiembre de 2012

Cuentos y Leyendas de Riviera Nayarit



Leyenda del Sangangüey.
 
Antes de la llegada de los españoles, el valle de Matatipac era gobernado por el Rey Trigomil, quién tenía una hermosa hija, la princesa se llamaba Molola y era tal su belleza que muchos hombres venían a conocerla y a pedir su mano, pero ella estaba enamorada de Tépetl, un joven guerrero  de nobles sentimientos y de gran inteligencia. Un día apareció un guerrero de nombre Sangangüey solicitó que le permitiera ver a la princesa Mololoa y el rey Trigomil se lo concedió, pero Mololoa al conocer los motivos del guerrero, le explicó que ella no podía corresponderle y Sangangüey le dijo que aún contra su voluntad, ella sería su esposa, aunque tuviera que matar.
Ella recordó todo lo que se hablaba de aquél soberbio guerrero y como era odiado por ser cruel e irrespetuoso de la voluntad de las personas.
Tiempo después se corrió la voz de que la princesa Mololoa y Tépetl unirían sus vidas. Sangangüey al escuchar esto, lleno de rabia juró que la boda se impediría y mataría a Tépetl para que la princesa fuera suya.
Una mañana, Sangangüey entró a la recamara de la princesa y la raptó. Al enterarse Tépetl, rápidamente salió a buscar a su amada. Luego de buscar por todos los sitios y varios días, los encontró. Hubo una batalla cuerpo a cuerpo entre los dos guerreros.
La furia de Sangangüey era tanta que arrojaba humo por los ojos y fuego por la boca. Tépetl, muy hábil, esquivaba los golpes y arrojaba con suma rapidez pequeñas piedras hasta lograr cubrir completamente a su agresor. El fuego que salía de la boca de Sangangüey derritió las piedras y quedó prisionero en una gran montaña. Todo el Valle de Matatipac se cubrió de humo y cenizas que arrojaba Sangangüey desde su cerro-prisión.
Tépetl buscaba a su amada princesa Mololoa, pero era tanta la lluvia de cenizas que le impedía ver, por lo que sofocó el fuego lanzando una gran roca a la boca de Sangangüey. Tépetl formó un monte de piedras desde lo alto y observaba por todo el valle en busca de la princesa, mientras que Sangangüey en su último esfuerzo para que se encontraran los dos enamorados, lanzó una bocanada de fuego, alcanzando a Tépetl y lo fundió en las rocas, que forman lo que conocemos como el cerro de San Juan.
La princesa Mololoa, al observar esta desdicha, comenzó a llorar y sus lágrimas formaron un río de cristalinas aguas que atravesaron todo el Valle de Matatipac, hasta desembocar en las aguas del río Santiago.

2 comentarios:

Miguel Camacho F. dijo...

Las lágrimas de la princesa Mololoa formaron el Río Mololoa, que actualmente cruza la ciudad de Tepic.

Marc Murphy dijo...

Gracias y saludos

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