martes, 7 de febrero de 2012

A la “caza” de ballenas en Riviera Nayarit


  • Este 2012 se ha registrado un fenómeno inusual: las Jorobadas que visitan cada año el Tesoro del Pacífico Mexicano, se alimentan aquí en grupos grandes; por lo cual los avistamientos son numerosos
Greg se cubre el rostro con las manos para mejorar su visibilidad, sobre la lancha rápida vuela un pájaro a velocidad increíble. Si la embarcación puede navegar a cerca de 50 millas náuticas por hora –como lo ha anunciado la tripulación— el ave no sólo le sigue el paso sino que acelera, hace un quiebre tal cual lo hace Messi cuando ingresa en el área chica, y se zambulle en el agua salada para atrapar un jugoso pez gordo.

Greg piensa que se trata de una gaviota, pero su pico afilado y recto, su plumaje con un patrón en el que el blanco y el gris se difuminan a la altura del cuello y el colorido de sus extremidades inferiores dicen otra cosa: “es un Bobo Patas Azules”, explica el guía de la expedición.

No es el nombre en español que se da a la especie el que hace a Greg esbozar una sonrisa, sino aquel con el que usualmente se le nombra en inglés: es un “Boobie”.  Alguien más también lo piensa y cuando ve que otra pareja se acerca suelta en voz alta: “siempre hay suerte cuando un par de Boobies te acompañan”.  Así descubro que, aunque lo hacen poco, los angloparlantes también alburean.

Pero no son los pájaros Bobos, a pesar de su rareza y del excepcional hecho de que sólo se encuentran en las Islas Galápagos y en una estrecha franja del Pacífico Mexicano –en la cual nos encontramos—lo que nos lleva con rumbo a Las Marietas, un conjunto de Islotes que han sido elegidos como lugar de anidación de miles de aves, entre ellas muchísimos Bobos lo mismo de patas azules que amarillas, y que se ubican justo frente a la exclusiva zona de Punta de Mita, en Riviera Nayarit.

Nos dirigimos hacia allá porque estamos “cazando” ballenas, principalmente de las que se conocen como Jorobadas o Yubartas. Las cazamos con la mirada –o con el lente fotográfico que es casi lo mismo— y el guía asegura que en esa zona se pueden encontrar madres con su cría.

El paisaje abruma por tan bello y la expectativa de ver una familia de jorobadas se torna alta. En la travesía ya se han visto cerca de 15 ejemplares adultos, algunos de más de 16 metros de longitud. En su mayoría nos han ofrecido un salto en lontananza, una serie de asomos con el tradicional soplido por el espiráculo, y la belleza de su inmensa cola justo antes de sumergirse y desaparecer.

Este año hay muchas ballenas en la Bahía de Banderas –lo podemos comprobar, ya hemos visto 15 y aún nos queda un rato de safari—pues se están alimentando con sardinas, algo que sucede poco, pues generalmente han pasado los meses previos atiborrándose de krill y arenque (hasta una tonelada y media diaria por cetáceo) frente a las costas de California, Oregon, Washington o British Columbia, justamente con el objeto de aguantar la travesía hasta esta región, donde pasan los inviernos apareándose o dando a luz.

“En los 15 años que llevo trabajando con ballena jorobada, nunca había visto a las ballenas alimentarse aquí. En alguna ocasión alguien reportó a una ballena alimentándose en la zona, pero fue algo meramente ocasional. Normalmente las ballenas pasaban de largo escuelas de sardinas sin mostrar interés alguno.  Este invierno nos encontramos con la sorpresa de que las ballenas jorobas se han estado alimentando intensiva y extensivamente”, leo declarar en un artículo publicado en un diario local a Astrid Frisch, especialista en esta especie y me pregunto si esa es la razón por la cual nuestra “caza” de ballenas ha sido numerosamente exitosa.

Creo leer la respuesta cuando la bióloga explica que, para comer, las ballenas trabajan en grupos grandes –de hasta 30— usando técnicas de arrastre y acorralamiento para atrapar dentro de sus bocas los bancos de peces. También creo entender que es esa la razón por la cual hemos visto pocos saltos, que entiendo son la forma de cortejo, y muchas inmersiones.

La embarcación ya vira sobre babor para rodear la isla “larga” y pasar entre esta y la “redonda”, como identifican los locales a las dos plataformas más grandes de Las Marietas, cuando aparecen en la superficie los lomos de una madre, de su cría y de un macho escolta.

¡Qué felicidad! –parece leer en nuestra mente el ballenato, que por sus largas inmersiones parece haber superado el mes de vida— ¡Qué felicidad! De tanta felicidad, el pequeño da un salto y otro, en el tercero además gira en el aire y en el cuarto podemos verlo echarse un clavado sobre la espalada. Dan ganas de echarse a chapotear con él, pero es hora de regresar a casa.

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